Yo me había tomado el atrevimiento de imaginarme la situación con algo de anterioridad. Lo recuerdo a él sentado frente al mar, con los pies bañados en sales. Su aliento, que no hacía más que recordarme que había estado nadando, bailaba entonces al ritmo de ese TE AMO, que se dejó escapar en tonos ocres.
Hasta una vez pensé que sería por teléfono. Yo iba corriendo (como una lady) levantaba el tubo, y del otro lado -con mi canción favorita de fondo- se colaba un :TE AMO.
O por qué no, la típica de minita histérica. Por carta, con la letra corrida por los nervios.
PERO NO.
Sentados en la plazoleta frente a PATIO OLMOS, mientras yo imitaba a un pato (si, a un pato . . . por?) me lo dijo.
TE AMO.
NO eraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa así, creo. ANGEL.
Para mal de peores . . . enmudecí de inmediato y jamás pude volver a decir algo
(mucho menos imitar a un pato)
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